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Distrito Entebras : Volando entre maquetas bajo una cúpula gigante: Back to the Future – The Ride Leer


DEFINIENDO UN CONTEXTO

Hoy trataremos un campo fundamental en la industria del entretenimiento de masas: los parques temáticos. Tras la aparición (y expansión) de las montañas rusas a principios del siglo XX, la inauguración del primer parque de Disneylandia sumó un nuevo tipo de negocio que, situados en unos parques de dimensiones monstruosas, basados en franquicias universales, alimentaron durante varias décadas la imaginación de las familias que las visitaban (previo pago, eso sí). A caballo entre el teatro popular y las demostraciones en vivo de los especialistas de cine, los espectadores contemplaban representaciones y decorados basados en licencias fílmicas coma El Mago de Oz, Conan el Bárbaro, u outras desligadas de la cultura popular.

Un escualo virtual ataca a Marty McFly en el film Back to the Future 2, anunciando la falsa película Tiburón 19. La tecnología CGI ya existía a finales de los 80, pero era incompatible con las proyecciones de los parques de atracciones de la época..

Tras la aparición global de la primera saga de Star Wars, a finales de la década de los 70, añadieron una nueva atracción en los parques de Disney: Star Tours. Basadas en la famosa saga de George Lucas, los visitantes recorrían un tour virtual sentados en una sala (en forma de nave), mentres sus asientos se movían conforme a las acciones que aparecían en la pantalla. Era un nuevo tipo de entretenimiento, con un nivel técnico nunca antes visto.
No tardaron en aparecer nuevas atraccións. Un ya mundialmente reconocido Steven Spielberg (que entonces estaba interesado por las nuevas formas de entretenimiento, incluídos los videojuegos) trabajaba en 1987 como consultor creativo de los parques de atracciones de la Universal (que en ese momento tenía dos sucursales en cada costa: Universal Orlando en el este, y Universal Hollywood en el oeste).

En aquel momento, la película Back to the Future barría en las taquillas de medio planeta, y la producción de la segunda parte estaba en marcha. Steven Spielberg, coproductor de la saga, vio en ese universo una temática con potencial para crear una nueva atracción, que superaría en dimensiones al mítico Star Tours. Se convertería en su director artístico.

BUSCANDO A LOS CONSTRUTORES

Los primeros intentos de planificación fracasaron. Más allá de las características del edificio físico donde se proyectarían las imágenes, el metraje necesitaba un argumento común, algo que implicase una aventura dentro de la temática de los viajes temporales.

Arte conceptual de la sala. En la patente se explica como se agruparían los espectadores en falsos DeLorean, y los cabeceos constantes siempre apuntarían a la cúpula de proyección.

Contrataron a Greg MacGillivray, un director con amplia experiencia en rodajes en IMAX (un formato panorámico ideal para el proyecto), y a Richard Edlund para la realización de los efectos especiales (con créditos en Star Wars, Indiana Jones y Ghostbusters).
El resultado se grabó, sobre todo, con metraje real, más similar al recorrido de un avión a través del tiempo: si observamos los primeros flyers promocionales y los textos de la prensa especializada, descubrimos que el viaje incluía volar junto a los hermanos Wright, un peligroso descenso por las cataratas del Niágara, observar a Leonardo Da Vinci en uno de sus ingenios voladores, perderse en una guerra de aeroplanos, o viajar a la era de los dinosaurios.

A nivel visual estaba bien resuelta, pero el resultado era una especie de documental sobre la «Historia aérea», totalmente desligado de la temática de Back to the Future. Robert Zemeckis y Bob Gale, responsables del filme original, la denostaron.
Además, los sujetos que tomaron parte en los tests (con los asientos agitándose en cada movimiento presente en el metraje) sufrían náuseas.
Desde Universal descartaron la propuesta y a sus responsables. Ahora tenían un problema adicional, y ningún equipo para solucionarlo.

Promoción de la Douglas Trumbull Company en una Cinefex, a principios de los 90. La relación de esta revista con los profesionales del sector no solo se extendería al audiovisual tradicional, sino también a los videojuegos y a los parques temáticos.

Llamaron a una leyenda viva de los efectos especiales, Douglas Trumbull (recordado, sobre todo, por 2001: Una Odisea del Espacio). También era un pionero que había creado Showscan, un proceso de grabación y proyección de metraxe a 60 fotogramas por segundo (fronte al estándar de 24). Además, usaba bobinas de 70 mm (fronte a los habituales 35).
Trumbull y su equipo de Berkshire Ridefilm (situados en Massachusetts) se centraron en identificar los problemas existentes en la propuesta descartada. Tras recibir un presupuesto inicial de 15 millones de dólares (que al final del proyecto, se multiplicaría por cuatro) se pusieron a trabajar. La codirección del proyecto la realizaría un joven David de Vos (que posteriormente se implicaría en otros parques), y el guión estaría a cargo de Peyton Reed (futuro director de Antman).

LA CREACIÓN DE UN GIGANTE

Módulo principal de las cabinas, usado en los testeos previos. La sincronización de movimientos, basados en la tecnología aeroespacial y similares a los de la atracción Star Tours, se realizaron con un software personalizado de Anitech Systems.

La nueva atracción, llamada Back to the Future: The Ride (a partir de agora, BTTFTR) tendría una atracción con un metraje realizado a la antiga usanza. Los modelos de los coches, la ciudad, los cromas usados en la superposición de elementos, los glaciares y el paisaje del volcán se realizaron sin usar CGI.

El metraJe final se emitió en una pantalla hemisférica Omnimax (en forma de cúpula), con más de 20 metros de tamaño: películas de 70 mm grabadas con lentes de ojo de pez (que supuso la mayor fuente de conflicto en su creación). El aspecto de la sala y la pantalla eran similares a los planetarios de la época.
Los pasajeros hacían cola en la parte inferior del complejo, y cada grupo de ocho personas entraba en la recreación de un garaje. Después de sentarse en una de las réplicas del DeLorean (fabricadas en Suíza por la empresa Intamin), adaptada para ocho personas en dos filas, con barras de seguridad y resortes hidráulicos en su parte inferior.

En medio de una niebla real que replicaba las secuencias de la película, los resortes elevaban cada falso DeLorean a una sala oscura común (había doce en total).

Decorado del Hill Valley futurista. Con las visuales basadas en la ciencia ficción pasada, y la precisión ultra-rrealista de las maquetas realizadas, aseguraron la atemporalidad estética de la atracción.

La disposición de cada vehículo en cascada descendente, con las emisiones visuales en la gigantesca cúpula, más los efectos sonoros, confirmaban la recreación realista del viaje. Además, en el frontal de cada cabina había un pequeño monitor en el que podíamos ver metraje grabado, con las caras de Christopher Lloyd o Tom Wilson (representando a los personajes de la película original, Doc Brown y Biff Tannen), expresando emociones de forma teatral, en una metraje sincronizado con la emisión principal.

Existen a día de hoy grabaciones de BTTFTR hechas por un usuario anónimo, en 1991 (tras la apertura de la atracción de Orlando), en la que podemos percibir los gritos, risas y alegría de los espectadores al probar esta innovadora forma de entretenimiento, hace más de tres décadas. Temblores en las cabinas, sensación de vértigo en primeros planos ante edificios y vehículos voladores, etc.

MAQUETAS COQUETAS Y DECORADOS CURRADOS

Vista aérea de la atracción de Hollywood. Ambientado en su interior como «Institute of Future Technology», dos gigantescos módulos incluían dos salas de proyección, dispuestas a recibir las visitas de numerosos visitantes.

La mayoría de las escenas hubo que ambientarlas en la oscuridad, porque si una porción de la pantalla presentaba partes demasiado iluminadas, estas se podrían reflejar en la parte opuesta de la cúpula (por su curvatura). Al tener una amplitud de visión en las imágenes de 180° en horizontal, 30° cara abajo, y amplitud total cara arriba (hasta el techo), el único sitio para situar las luces artificiales mientras rodaban era en los laterales (para que la cámara no reflejase su sombra en la pantalla). Las luces que se veían en la pantalla había que disimularlas bajo la presencia de faroles o carteles luminosos. En la maqueta de Hill Valley de 2015 (con fuertes reminiscencias futuristas de los años 50) situaron neones luminosos y signos retroiluminados en la carretera. También realizaron formas con muchas curvas, teniendo en cuenta la forma de la inmensa pantalla.

Las cámaras Omnimax presentaban otro problema: eran demasiado grandes para moverlas dentro de aquellos escenarios escalados, por lo que tuvieron que construir otras más pequeñas. También hubo que adaptar los extremos de las grúas donde se enganchaban.
La trayectoria de las cámaras hubo que programala metódicamente, grabando previamente sobre maquetas pequeñas modeladas en cartón, y estudando los movementos a mano, para comprender las limitaciones presentes en el camino; y afrontando los problemas que aparecerían durante la ejecución, como que se viesen en pantalla los hilos que sostenían las maquetas de los vehículos voladores, o la dificultad para recorrer lugares estrechos, así como la presencia borrosa de los modelos en movimiento; también los temblores presentes en las cámaras al grabar determinadas secuencias.

Storyboards y arte final de la secuencia del T. Rex. Basado en el arte conceptual de Hirotsugu Aoki, y revisado por los supervisores mecánicos Kenneth Walker y Tom Culnan. Steven Spieberg, director creativo de la atracción, probablemente encontró aquí una inspiración para su futura superproducción fílmica, Jurassic Park.

Todo esto fue estudiado y planificado por los técnicos de la compañía de Trumbull, de manera obsesiva, puesto que el metraje demandaba una ausencia de errores. Dende los storyboards hasta la elaboración de la última pieza física, todo el proyecto dependía de la posibilidad de emitirlo con la tecnología Omnimax.
Tras numerosas pruebas, también buscaron composiciones ópticas de calidad (muy necesarias, porque no había postproducción digital), gracias a las impresoras ópticas multiformato de los japoneses Imagica.

Usaron fibra de vidrio para modelar el hielo, espuma plástica para parte de la ciudad futurista; metilcelulosa (viscosa) combinada con trozos de vinilo termofusible para la lava fundida (682 litros de colores rojo, naranja, rosa y amarillo), y alambre y papel maché para representar otras partes de lava y cenizas.
Para evitar el modelado interior de las habitaciones de las casas del futuro, contrataron un fotógrafo que captó tomas de habitacións reales, y pusieron las fotos (o fotocopias en color) en las ventanas de las maquetas, aumentando la credibilidad del conjunto. Los tres escenarios resultaron de gran tamaño; en aquellos que tenían un techo artificial, los operarios trabajaban situados en columpios emplazados en el interior.

Christopher Lloyd parodia la carta de ajuste creada por la RCA para las TV’s de mediados del siglo XX. Esta imagen forma parte del metraje mostrado en los monitores exteriores de la atracción, para enriquecimiento de la experiencia de los visitantes que esperaban en las colas.

El momento cumbre del metraje es la secuencia de la pareja de tiranosaurios. Tras realizar modelos previos en miniatura (con plexiglás, madera y vidrio) construyeron un modelo animatrónico de más de 2 metros de alto. La cola se componía de discos de aluminio, y las mecánicas eran equiparables a las de cualquier robot industrial de la época. La falta de tiempo hizo que al cubrirlo con espumas de látex y uretánicas (modeladas y pintadas por otro equipo), no pudiesen acceder más a su interior.
El tiranosaurio se trucó para simular que había dos, programando por ordenador dos comportamientos diferentes para distinguirlos. Esta figura apareció en casi todaa las promociones de la atracción, y fue el único elemento que se mantuvo desde la primera planificación de MacGillivray.

También grabaron un vídeo para que los espectadores no se aburriesen mientras esperaban en las colas de acceso, que en principio se estimaban en torno a 30 minutos. Con el paso del tiempo, la enorme afluencia de visitantes obligó a aumentar la duración a 90 minutos, añadiendo metraje de las películas originales; también encargaron realizar un logotipo rotando en 3D del Institute of Future Technology (que representaba el complejo donde estaba la atracción).
Entre estas grabaciones del preshow, aparece una secretaria interpretada por Darlene Vogel dando advertencias a la audiencia (también había interpretado a Spike en el segundo filme, la pandillera que persigue en monopatín a Marty McFly). Vogel aumentaría su popularidad unos pocos años después, en la serie televisiva Pacific Blue.

CIFRAS Y CURIOSIDADES

Un simpático logo circular da la bienvenida a los clientes al restaurante Doc Brown Chicken. Estos negocios afines a la atracción no hicieron más que aumentar la recaudación económica de la franquicia, creándoles a los clientes la ilusión de permanencia en el universo de la saga fílmica.

BTTFTR abrió con éxito (en Florida) el 2 de mayo de 1991, solo un año después del estreno del tercer filme. Dos años después (el 4 de junio), abrirían una atracción en Hollywood, con la presencia en la inauguración de más de 100 DeLorean reales. El éxito ascendente llevaría a una tercera atracción en Japón (Osaka), inaugurada en marzo de 2001. Las dos primeras durarían hasta el año 2007 (cuando habían descartado un cuarto filme). La atracción japonesa cerraría el 31 de mayo de 2016.
Además del espectáculo concreto de BTTFTR, se crearon los siguientes anexos, todos ellos centrados en la temática de la atracción principal:

  • Tiendas con merchandising especializado (en Florida, BTTF: The Store; en Hollywood, Time Travelers Depot).
  • Un restaurante temático (Doc Brown’s Fried Chicken: The finest chicken of all time!).
  • Hill Valley’s Beverage Company, un mercado de venta de bebidas.
  • Snack to the Future, un local de aperitivos.

BTTFTR fue tan innovadora que parte de su metraje apareció en el documental Thrill Ride! The science of fun, a mediados de los años 90. Por la atracción de Hollywood pasarían nada menos que 61 millones de visitantes. Posteriormente se sustituiría por la atracción The Simpsons Ride.

LOS RESTOS DE UN LEGADO

El último día de las atracciones, permitieron que los usuarios sacasen fotos en su interior. Antes de cerrar el parque, uno de los empleados hizo un volcado del metraje a vídeo, guardado originalmente en LaserDisc; y tras su clausura definitiva lo liberó en Youtube. En la edición BluRay de la trilogía de los filmes de Back to the Future, aparece el metraje en alta definición. Lo podéis ver aquí.
También existe una beta con un metraje previo que tiene pequeñas variaciones, porciones en blanco y negro y un final alternativo. Lo podéis ver aquí.