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Salón Arcade : No todos somos coleccionistas Leer


Me encantan los videojuegos, para qué negarlo. Todos los que me conocen saben que es un mundo que me apasiona y del que siempre tengo ganas de seguir aprendiendo. Me gusta hacerme con los juegos que más me gustan, con algunas figuras que me llaman la atención, vestirme con camisetas molonas y leer revistas o publicaciones relacionadas con la industria. A pesar de poseer varios sistemas y un buen puñado de juegos, no soy coleccionista de videojuegos y tampoco lo quiero ser.

Cuando alguien visita mi casa siempre me comenta algo sobre las cosas que tengo (mis figuras, mis juegos y consolas, etc.) y, no en pocas ocasiones, me preguntan si colecciono. Es evidente que no lo hago pero aún así me lo preguntan. Yo, como otros muchos aficionados a los videojuegos, disfrutamos de lo que tenemos.

En mi caso, me compró los juegos que quiero jugar y suelo abrir las figuras para poder exponerlas o trastear con ellas cuando me da la gana. Me encanta poder hacer uso de lo que he comprado, que no sea un objeto del que fardar. Comprendo a los coleccionistas (todos hemos pasado por etapas de coleccionismo, como fue mi caso con los minerales), aunque ya no le veo sentido en mi caso. Como se suele decir: cada persona es un mundo.

Sin embargo, que no coleccione no hace que me duela no poder hacerme con ciertos títulos o figuras porque la gente especula con ellos o desaparecen rápidamente por una distribución pobre. Me gustaría tener ediciones coleccionista de algunos juegos (ese maravilloso Metroid para 3DS que está más que caro) o poder tener más cartuchos de algunas de mis viejas consolas (especialmente de NES y Nintendo 64) y que, por desgracia, sé que nunca voy a poder tener y, menos aún, disfrutar como se merecen. El mercado de los videojuegos no es de los más justos y la gente que pone a la venta parte de sus posesiones rara vez lo hace a un precio justo, pecando casi siempre de avaricia.

Como digo, respeto a quien quiera ser coleccionista de videojuegos, pero en mi caso ha perdido todo el sentido, si es que alguna vez me he planteado serlo. Todos los cientos de miles de juegos existentes, más todos lo que están por venir, es imposible poseerlos y, lo que es aún más triste, imposible poder jugarlos todos (sí, ya sé que hay gente que se especializa en coleccionar algo más concreto como los juegos de una única consola). Para mí se trata de una afición maravillosa y no deseo más que tener un rato para poder jugar a cualquiera de los títulos que con tanto cariño poseo o seguir aprendiendo sobre una industria más joven de lo que parece (y que cambia sin parar).

En mi caso, creo que los juegos fueron pensados para ser jugados y hacernos pasar un buen rato, no para tenerlos en una balda cogiendo polvo o esperando a ser jugados por una generación futura. Una vez jugados me gusta tenerlos, no lo voy a negar, pero no es una obsesión. Así que sigo teniendo mis viejas consolas y videojuegos formando parte de mi vida y, de vez en cuando, revivo viejos momentos y sensaciones gracias a ellos. El pasado nunca nos abandona del todo, ¿no es cierto?

Cuando aprendes a disfrutar de tu afición sin que se convierta en algo más que eso, créeme, te das cuenta de que estás haciendo viejo.