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Retro entre amigos : MI PANDILLA Leer


Un tema que sale de manera recurrente en las retro-conversaciones y que es un icono del cine de los 80 y también, de ese cine/series que se hacen ahora que pretenden ser “aquello” sin serlo es el asunto de las “pandillas”.

Se habla muchas veces de la “pandilla” que tenía cada uno de chaval, de las bromas que se gastaban a los vecinos, los partidos de futbol en la calle, correrías por las calles de ciudades y pueblos. Por supuesto, se suman referencias a la pandilla de los Goonies y que hoy, junto a la pandilla de joven Eliott en E.T. a las neo-retro-pandillas (me estoy pasando con la invención de palabrejas XD) de Stranger Things y similares, se han convertido en algo tan recurrente como los calentadores rosas y los neones en todas partes (lo cual… ya os lo digo NO ERA así)

Lo que no es muy comentado es que algunos de nosotros (venga, de acuerdo… hablo de mi …) YO no tuve pandilla de niño. Mis amigos de pandilla imaginaria fueron “Los cinco”, “Los Hollister”, “Los siete” y mis montones de soldaditos de plástico. Vaya usted a saber si esa ausencia de pandilla fue lo que motivó que, años después, mirase con cierta envida (¿rabia?) a aquellos Goonies tan amigos, a los amigos de Eliott, dispuestos a ayudarle a huir del FBI y a tantos otros. Contra lo que se puede pensar, no es que yo fuese un niño super protegido al que no permitieran salir, ni enfermo, ni tímido hasta la medula… no. Simplemente, en los grupos de chavales que se juntaban en la plaza cercana, lo que se practicaba era un futbol anárquico y bastante violento, o deportes de riesgo como pilla-pilla entre los coches (a mi hermano mayor en una de aquellas lo atropelló un 600 blanco y nuevamente NO es broma).

Aquellas pandillas ad-hoc que se creaban en el momento para pegar patadas a un balón gastado o perseguirnos sin sentido unos a otros… no eran para NADA las pandillas que yo leía en los libros. Nadie hablaba de ir a sitios a buscar cuevas (donde SEGURO habría un tesoro pirata). Nadie proponía explorar un bosque, o simplemente, caminar (lo de las bicis para todos se ver que solo era en California) hasta lugares desconocidos a encontrar la aventura… o al guarda. Por eso me refugié en aquellos chicos de costumbres extrañas (meriendas con mermelada de grosellas?¿?¿?¿?¿ WTF) cuya amistad parecía que estaba por encima de todas las cosas y a los que, tal vez como recompensa, les pasaban cosas misteriosas y fascinantes.

No fue hasta mucho después, que pude por fin tener una pandilla, pero nuevamente, NO era como yo había imaginado. Ya éramos jóvenes adolescentes y lo que nos movía era la música, que se convirtió en nuestra religión, por supuesto las chicas, el sexo, la emoción de todo lo recién descubierto fuera y dentro de nosotros. Todo aquello fue fantástico y me alegro infinito de haberlo disfrutado, pero nuevamente, nadie dijo nunca nada de ir al castillo abandonado de noche, a buscar cementerios secretos o a explorar cuevas solitarias. Todas esas aventuras no vividas… se me quedarán ahí en el cajón de “pendientes”. Ahora ya por fin he aceptado que nunca recorreré junto a otros chicos esas galerías de un templo enterrado bajo la montaña con una antorcha en la mano y un viejo mapa que encontramos en el desván de la Tía Mildred. A pesar de todo ello… de alguna manera, hice y, todavía hago, aquellas aventuras leídas como mías. Enyd Blyton, Emilio Salgari, Verne, James Curwood…todos ellos me llevaron de la mano a lugares distantes que visité junto a mi pandilla imaginaria y una parte de mi aun las siente como verdaderas.

Por esas bromas del destino… ahora que paso de la cincuentena, la vida me sorprende regalándome una pandilla. SI… son los señores mayores que me acompañan cada mes en el programa “Retro Entre Amigos”. Se les ve bastante “cascados” a algunos y es difícil imaginarles con largas cabelleras al sol, a lomos de sus bicis una tarde de verano y con pantalones extra cortos, pero… ¿sabéis?… son MI pandilla y buscamos todos los huecos que podemos para hablar de ir a cuevas, registrar templos mayas y cavar profundo para encontrar ese tesoro pirata que se esconde en cada playa. Es un regalo tenerles como mi pandilla de la senectud y, CADA día, doy gracias de que el Lotomatic de la vida nos haya juntado, aunque sea ahora, como Goonies con el arroz pasado.

Josua Ckultur

Dedicado a “La Alegre Pandilla”